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Transparencia y los Recursos Públicos 1/2

El Estado dominicano desde el 1996 a la fecha ha propiciado nueve reformas tributarias, vía solamente en la obtención de los ingresos; empero, no así desde una perspectiva holística, tomando en cuenta el gasto, su calidad y las prioridades, en una especie de agenda societal.

A pesar de que la economía ha crecido, de que el Producto Interno Bruto se deslizó desde U$22,000 millones de dólares a U$58,0000 millones de dólares en ese interregno, dicha repercusión no se ha verificado en un componente de la sociedad. Ello se debe en gran medida a la falta de transparencia, a la enorme opacidad con que se manejan los recursos públicos, en como la corrupción succiona el dinero público en detrimento de los sectores más vulnerables del país. Esta asincronía tiene como explicación la mala distribución de la riqueza y la problemática de la corrupción, que se va en gran medida al delito de cuello blanco.

Lo pertinente es señalar que hemos, al mismo tiempo, realizado en los últimos años las más vertiginosas reformas jurídicas en el andamiaje del control del Estado: Ley Orgánica de Presupuesto; Ley de Compras y Contrataciones del Estado; Ley de Libre Acceso a la Información Pública; Ley de Contraloría; Ley de Crédito Público; Ley que ampara el Presupuesto Plurianual; Ley del Sistema de Gestión Financiera; Ley de Función Pública; Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo. Las creaciones del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo y el Ministerio de Haciendas. La Dirección General de Impuestos Internos que fusionó las Direcciones de Impuestos Internos y Rentas Internas.

Como vemos, en la sociedad dominicana el comportamiento desviado que genera la falta de transparencia, y con ello la corrupción desbordada, sobre todo en el espacio 2004-2012, no obedece a la falta de reglas institucionales. Lo que nos dice la clase política, la partidocracia nuestra, es que tenemos que dejar atrás la ingenuidad de creer que basta con cambiar las reglas, de hacer reformas, de crear nuevas leyes, para que las personas modifiquen su comportamiento.

Las patologías políticas del Sistema de Partidos Políticos han conducido a que las reformas institucionales no hayan tenido efecto positivo en el cuerpo social dominicano. Es probable, como hipótesis, que la ausencia de transparencia y con ello, la corrupción, sea una expresión del mal diseño institucional del Estado dominicano; al tiempo que otros factores de naturaleza social gravitan en el tejido social.

Las explicaciones institucionales, sobre todo el funcionamiento de los partidos políticos y la politización de la Administración Pública donde no existe la meritocracia y el ingreso a la misma, están caracterizadas por el despojo político, por el amiguismo, el nepotismo y el patrimonialismo. Pocas áreas del Estado están diseñadas con una visión de una gerencia moderna. Es más, podemos decir que en el Estado dominicano todavía a más de 100 años de la creación del concepto burocracia creado por el sociólogo Alemán Max Weber, no ha sido asumida en el modus operandi del cuerpo gerencial del Estado. Tenemos una caricatura de burocracia.

Si un apologista del stablishment, del statu quo, nos dijera que la corrupción es consustancial a la naturaleza humana, es parte intrínseca, como parte de su naturaleza animal; digamos que sí, empero, la naturaleza social a través del proceso de socialización, de educación, de la fortaleza institucional, crea mecanismos de control social para que el proceso del comportamiento desviado no dañe a la sociedad y ésta constituya solo un dejo de tristeza, en una pequeña comunidad o grupo.

Las causas del comportamiento desviado son: Biológicas, Psicologías y Sociológicas. Por ello, ningún país obtiene 100. Sin embargo, los mecanismos del control social, formales e informales, actúan sin importar jerarquía económica, social, política, religiosa, cultural. Se cumple el aforismo, el que la hace la paga.

En nuestra sociedad existe una rampante corrupción, una inobservancia a las leyes de control, fiscalización, que espanta. Cuando vemos las auditorías de la Cámara de Cuentas y encontramos que el Congreso viola la Constitución (93-j y 93-a; 114), al no tomar ninguna decisión con los ejercicios fiscales anuales. Jabez L. M./ Curry, ex congresista norteamericano, dijo “Un estado próspero se debe construir sobre los cimientos de un carácter moral, y este carácter es el elemento principal de su fuerza y la única garantía de su permanencia y prosperidad”.

Veamos el siguiente cuadro de la Percepción de la Corrupción en la República Dominicana desde el año 2001–2013.

Años

Calificación

De

2001

3.1

10

2002

3.4

10

2003

3.3

10

2004

2.9

10

2005

2.9

10

2006

2.8

10

2007

3.0

10

2008

3.0

10

2009

3.0

10

2010

3.0

10

2011

2.6

10

2012

2.8

10

2013

29.0

100 (se cambió la metodología)

                

                                                                              

Como vemos, estamos entre los países con el Índice de Percepción de la Corrupción más alto del mundo. Llegamos en el 2011 y 2012 a ocupar el puesto 144 de 144 países en el Foro Económico en los acápites que tienen que ver con la corrupción.

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