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La corrupción y el crimen como fenómeno social I Por Juan Tómas Taveras. 10 de octubre de 2014 – 12:00 am – 0 Comentarios

Hoy en día, más que nunca, las sociedades organizadas necesitan de seguridad y protección, ya que en toda etapa de la evolución del desarrollo humano el hombre ha sido la peor de todas las amenazas para su especie y el mayor peligro para sí mismo. Esto implica estudios profundos de las causas y consecuencias del fenómeno del crimen, el criminal y de la prevención y control de los mismos.

La criminalidad forma parte de los fenómenos sociales que reflejan las particularidades de cada etapa histórica de las sociedades y su relación con el sistema político. En específico, esta relación se expresa en la norma jurídica en su carácter subjetivo y coercitivo, y en su imposición del sistema de relaciones sociales que manifiestan los valores legitimados desde el poder.

El nuevo orden en las relaciones económicas y políticas de poder que existe a nivel mundial, distanciado de los paradigmas humanistas de desarrollo sostenible e integral, promovidos desde las cumbres de desarrollo social de la ONU, ha aumentado la violencia en las relaciones sociales.

Toda persona en su desvivir social necesita sentirse productivo, activamente útil en su entorno social y cumplir con su rol ciudadano. En la evolución de los grupos humanos surgen desequilibrios debido a los fallos del ordenamiento de la sociedad, dando origen a las diferentes clases sociales y dejando consigo la desigualdad y las exclusiones sociales con grandes.

Muchos de estos grupos conforman ciudadanos con alto grado de frustración, que a su vez deciden crear organizaciones alternativas que se contraponen con la realidad que les toca vivir, convirtiéndose en disidentes que desestiman las normas establecidas de convivencia social pacífica dentro del estado de Derecho y de nuestro sistema democrático, y muchos de estos desafían la autoridad legalmente constituida.

Fruto de esta situación que crean la ineficiencia e irresponsabilidad de los gobiernos junto a los demás poderes del Estado, se desprenden los antisociales, quienes hacen frente al sistema, infiltrándose doblemente en instituciones estatales y de esta forma convertirse en “autoridades” que juegan  ambos bandos, son dobles agentes: del mal y disfrazados para el bien, que además reproducen conductas criminales. Evidenciando el modismo del momento de la doble moral y sumando éxitos al crimen organizado y la corrupción.

A medida que se incrementa la corrupción, el crimen y los delitos, simultáneamente va en aumento una amenaza imperceptible de infiltrados en diferentes instituciones del Estado, especialmente en las encargadas de cumplir y hacer cumplir la ley. De ahí podemos situar el caso de los organismos de seguridad y el sistema de justicia, que han sido los más burlados o filtrados para intenciones malsanas y cada vez con más influencias en las diferentes jerarquías y funciones.

Cada mal social empeora la violencia y la inseguridad, haciendo cada vez más compleja la solución.

Por tal razón debería ser una de las prioridades de todo Estado y sociedad organizada el garantizar la seguridad ciudadana. No entendemos el que a través del tiempo no se haya invertido los recursos necesarios para construir instituciones fuertes, eficientes y capaces, primero para prevenir; segundo resolver conflictos de forma pacífica y tercero controlar todos los hechos punibles.

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