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Ucrania pierde la paciencia y exige el fin de la corrupción en el Estado

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Ucrania, en plena crisis económica y con una guerra en su territorio, no puede permitirse otro Maidán o protesta popular como la del otoño-invierno de 2013-2014. La Rada Estatal (Parlamento) resultante de las elecciones de este domingo deberá demostrar que, junto con el presidente Petró Poroshenko, es capaz de frenar la corrupción que socava las instituciones del Estado. De lo contrario, los ciudadanos resolverán los conflictos de forma anárquica y peligrosa para el Estado, según opinan analistas en Kiev.

Esta semana, en el vestíbulo del comité provincial de Kiev (órgano de gobierno administrativo) un hombre en uniforme de camuflaje exigía a gritos que lo recibiera algún cargo oficial. Dijo llamarse Vladímir Babenko, alias Fagot, y haber luchado en el Este como mando del batallón Donbás. Iba acompañado de otro camarada de armas, originario de Donetsk, y ambos querían que les fuera entregada tierra cerca de la capital para construir viviendas donde albergar a las familias de los voluntarios proucranios, obligadas a huir del Este. Los funcionarios trataban de convencer a Babenko de que se marchara dejando su petición por escrito, pero él se negaba. A su juicio y de su camarada, que se identificó con el apodo Gardei, el cerco de Ilovaisk, en la región de Donetsk, donde en agosto perecieron varios centenares de uniformados leales a Kiev en una emboscada perpetrada por “infantes de marina rusos”, fue “provocado” para librarse de los propios combatientes y evitar así que estos vengan a Kiev a pedir cuentas a la Administración. Esta pésima opinión de los propios líderes puede no estar justificada pero refleja la desconfianza de la sociedad ante los representantes del Estado.

La ‘ley de la depuración’

La respuesta oficial a las exigencias radicales del Maidán ha sido la ley de la depuración de las instituciones oficiales, firmada el 9 de octubre por el presidente Poroshenko. El documento afecta a los cargos de alto y medio nivel del Ejecutivo, que trabajaron durante la época del presidente Víctor Yanukóvich, del 25 de febrero de 2010 al 22 de febrero de 2014. Cerca de un millón de cargos oficiales del Gobierno y la Administración deberán someterse a escrutinio y para ello se ha fundado un departamento especial en el Ministerio de Justicia, que estará asesorado por un comité de activistas. La depuración afecta a la Administración Presidencial, al aparato del Consejo de Ministros, al Ministerio de Interior, los servicios de seguridad, y la judicatura, entre otros.

Para dar ejemplo, la Administración presidencial y el Gobierno han comenzado los despidos. De momento afecta a unas cuantas decenas de funcionarios, según recientes declaraciones del ministro del Interior Arcén Abaco. Los criterios depuradores son en ocasiones “ambiguos”.

“Los ucranios somos una nación de desconfiados y, desde luego, no confiamos en las autoridades”, dice Volodymyr Fesenko, jefe del centro de estudios políticos Penta. “La anarquía es uno de los retos para el presidente Poroshenko y el Estado. El Maidán despertó el escepticismo, el anhelo por resolverlo todo con las propias fuerzas y también las tradiciones anarquistas arraigadas en este país”, dice el sociólogo. “El gran Maidán de Kiev se ha fragmentado en pequeños Maidán de ciudadanos movilizados. Si algo no les gusta, lo tiran a la basura”, afirma. La actividad de “tirar a la basura” a los “personajes odiosos” de la política es interpretada al pie de la letra y la han vivido en sus propias carnes veteranos del partido de las Regiones como Nestor Shufrish en Odessa.

La respuesta oficial a las exigencias radicales del Maidán ha sido la “ley de la depuración” de las instituciones oficiales, firmada el 9 de octubre por el presidente Poroshenko. El documento afecta a los cargos de alto y medio nivel del Ejecutivo, que trabajaron durante la época del presidente Víctor Yanukóvich, del 25 de febrero de 2010 al 22 de febrero de 2014. Cerca de un millón de cargos oficiales del Gobierno y la Administración deberán someterse a escrutinio y para ello se ha fundado un departamento especial en el Ministerio de Justicia, que estará asesorado por un comité de activistas. La “depuración” o “lustración” afecta a la Administración Presidencial al aparato del Consejo de Ministros, al Ministerio de Interior, los Servicios de Seguridad, y la Judicatura, entre otras entidades.

Para dar ejemplo, la Administración presidencial y el Gobierno han comenzado los despidos, de momento unas cuantas decenas de funcionarios, según recientes declaraciones del ministro del Interior Arcén Abaco y el primer ministro, Arsenia Yatseniuk, respectivamente. Los criterios depuradores son en ocasiones “ambiguos” por lo que “pueden originar interpretaciones subjetivas”, dice el sociólogo Fesenko, según el cual “hubo que cambiar la redacción del texto para que no afectara al presidente”.

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Yulia Mostovaya, directora del influyente semanario Zérkalo Nedelii, critica, a su vez que el deseo de librarse de los burócratas corruptos conduzca al despido de profesionales cualificados y a “la destrucción de la memoria institucional”. Opina la periodista que entre los relevos generacionales, impulsados por el Maidán escasean las personas con “competencia profesional para reemplazarlos”. “De acuerdo con esta ley, deben ser despedidos importantes altos cargos de los servicios de seguridad nuclear y deberían haber depurado al 70% de los servicios de espionaje”, comenta Mostovaya, según la cual tales medidas resultan peligrosas en plena crisis y en plena guerra. “La corrupción es un gran mal, pero la pérdida de profesionales claves puede ser peor incluso”, afirma y agrega: “Si hay otro Maidán no será pacífico y Ucrania no podrá aguantarlo”. El gran promotor de la “depuración”, el periodista Yegor Sóbolev, que dirigió el comité popular de lustración fundado en las protestas de Kiev, es hoy uno de los candidatos del partido Autoayuda, formado por los nuevos y jóvenes rostros que se dieron a conocer entonces. Los sondeos indican que Autoayuda estará en la nueva Rada.

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