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PROVOCACION: “extravío y perversidad en el uso de la palabra”
Por Melvin Mañón. 14 de noviembre de 2014 – 12:12 am – 0 Comentarios
Las imágenes de la agresión han recorrido el mundo opacando la intención de proyectar un Leonel Fernández con madera de estadista. El tiro le salió por la culata pero, ni siquiera toda la estupidez de esa conducta alcanza a servir de consuelo al abuso múltiple que la misma contiene ni a la vergonzosa coyunda de partido, gobierno y delincuencia que la ampara.

Melvin Mañón
Pensador, agricultor de vocación. Ha escrito varios libros, entre ellos Operación Estrella, Guerra de purificación y Enigma. Es miembro del Consejo Político de Dominicanos por el Cambio.
El Dr. Leonel Fernández comparece a un acto organizado a su favor por grupos empresariales en el interior de un hotel de la capital dominicana. Afuera, en las aceras y calles, numerosas personas acuden a repudiar al Sr. Fernández llamándole “ladrón”. Otro grupo, mas numeroso que el primero, trata de impedirlo. Las imágenes y fotografías de los incidentes muestran claramente: Con pancartas, gente de clase media tratando de hacerse escuchar. Urgidos de consignar su indignación ante el estropicio legado por Fernández. Están estremecidos de impotencia ante la impunidad que lo ha protegido. El otro grupo con aspecto de gente pagada, bandoleros traídos de otros lugares, armados de palos, bates etc. agrede con saña a los manifestantes incluyendo periodistas de varios medios de comunicación. Honran una amenaza hecha en Nueva York a finales de septiembre, a saber, que dentro del país, la escolta y los esbirros de Leonel no permitirían que a su jefe le griten “ladrón” sin “picar” a quien lo haga. Esos son básicamente los hechos.

En la vida real y la práctica social, el uso de la palabra “provocación” contiene una acepción generalizada y subliminal que legitima al “provocado” a expensas del “provocador”. De manera que, si se acepta que esas personas fueron allí a provocar a Leonel Fernández son pues, ellas mismas, culpables de lo que les haya ocurrido. Es como decir que ellos se lo buscaron. No tienen derecho a reclamar ni a quejarse de los golpes recibidos porque fueron allí a “provocar”. Esta interpretación prevalece incluso si quien la argumenta desautoriza o desaprueba la violencia ejercida, en este caso, contra los manifestantes.

Pero, si vamos a hablar de provocación, se puede alegar en primer lugar que, el gran provocador en todo esto es el propio Leonel Fernández. Bajo su mandato los delincuentes nos asesinaron a mansalva, fuimos saqueados por el fisco, estupraron lo que nos quedaba de vergüenza y se robaron todo los recursos que de otro modo debieron usarse para el país. Leonel nos ha “provocado” a todos, con sus acciones, sus fraudes, sus desvergüenzas, la impunidad que todavía hoy lo protege y la insolencia que, impúdico, exhibe ante nosotros. ¿O acaso no es una provocación ultrajarme, humillarme, robarme y además pretender que me quede callado y resignado? ¿No es acaso una provocación y una afrenta burlarse de la opinión pública con un acto como ese?

Los manifestantes que fueron a protestar y a gritarle ladrón a Leonel estaban en primer lugar en su pleno y absoluto derecho de hacerlo, pero además estaban allí porque ningún puto juez ni tribunal ni autoridad ha investigado ni una sola de las docenas de denuncias presentadas y documentadas contra él. Entonces, ¿se supone que la gente se trague la indignación que la estrangula y la impotencia que la corroe? Si las autoridades judiciales hubieran hecho la labor que les correspondía, la gente humillada y ofendida por sus desmanes no hubieran tenido que ir a la calle a reclamar justicia.

Si hubo provocación (y ahora hasta podemos jugar con las palabras) de parte de los manifestantes no fue contra Leonel Fernández que ya está enterado de lo que pensamos de él. No señores, si hubo provocación y ojalá que así hubiera sido, estuvo dirigida a las autoridades del gobierno a ver si, puestas en evidencia, se deciden a actuar. El diccionario de María Moliner define provocar, del latín provocare como:

“incitar a alguien con palabras, gestos, acciones a que se enfade o riña con el que le provoca”

El mismo diccionario consigna bajo el subtítulo CATALOGO: “armarla, buscar, buscar la boca, buscar bronca, buscar el bulto, buscar camorra, poner en el caso de, contrapuntear, buscar las cosquillas, meter los dedos en la boca, tener ganas de, incitar, dar lugar, meterse con, dar ocasión, mojar la oreja, pinchar, buscar las pulgas, sacar de quicio, retar—adicionalmente; pendenciero, apostar, azuzar, desafiar, excitar, incitar, insultar, irritar, ofender”.

Puedo entender que en medio del desorden reinante, de la impunidad generalizada y de toda la mierda que nos rodea y asfixia, temiendo que los paleros contratados por la gente de Leonel, temiendo que agredieran a personas no solamente inocentes sino víctimas de los desmanes del PLD, entiendo, repito, que alguien diga que puede haber sido imprudente, pero ¿una provocación a Leonel Fernández?

El mismo diccionario de María Moliner nos dice de la palabra imprudente que: “se aplica a la persona y a las acciones o dichos faltos de prudencia”. Y añade: “alocado, atrevido, arriesgado, desaconsejado, desatinado, incauto, insensato, irreflexivo, ligero, loco” y numerosísimas otras acepciones similares.

¿Quién en su sano juicio iría al exterior de un edificio donde Leonel Fernández o cualquier otro, sindicado como el de ladrón, a gritarle si hubiera un proceso legal en curso? Si los dominicanos esperaran justicia de las autoridades encargadas de impartirla ¿por qué habrían de ir a gritarle ladrón? Han ido y seguirán yendo precisamente porque a todo este pueblo no le han dejado ninguna otra opción ni recurso al cual acudir para manifestar su descontento ante la corrupción y la impunidad con la cual se consuma. La gran prensa dominicana calla no solamente las denuncias locales, calla incluso el develamiento de similares escándalos en otros países. Para informarse, los dominicanos acuden a las redes sociales y a los medios digitales. Todo lo demás está comprado, secuestrado, comprometido; los tribunales se someten y ya ni siquiera acuden a la dilación como recurso porque han impuesto la negación como doctrina; el congreso, esa colección inigualable de canallas aplaude el fraude. Todo lo han comprado. Incluso la policía que presenció impávida como golpeaban y ultrajaban a periodistas, mujeres y jóvenes.

¿Y donde está el gobierno que no ha anunciado que investigará los hechos? ¿Acaso creen las autoridades que no tienen responsabilidad? Los policías uniformados ante quienes los paleros y otros policías de civil agredieron cumplían órdenes. ¿Quién va a interrogar y a pedirle cuentas a los oficiales que comandaban las tropas frente al hotel por su indiferencia criminal? De acuerdo con los que han calificado la protesta como una provocación, no hace falta nada de esto. Ya que fueron a provocar, no pueden quejarse de la reacción desatada por dicha provocación.

Y ¿como puede uno aceptar que alguien diga que esos manifestantes fueron a provocar cuando todos sabemos que fueron a reclamar la justicia que les han negado? ¿Como se puede criminalizar a esos manifestantes cuando los verdaderos criminales siguen impunes? ¿Como aceptar que quien le dice ladrón a Leonel Fernández sea un provocador cuando fue el robo, latrocinio y abusos de ese mismo Leonel Fernández lo que constituye una soberbia provocación a todos?

Comparar los incidentes de una campaña electoral desatados cuando gente de un partido vocea, compite, ofende o de cualquier manera interfiere con las actividades de otro partido es pura manipulación del lenguaje. La comparación es inadmisible. Aquí se trata de un acto de protesta al que me han obligado por la negación de justicia; tampoco se trata de rivalidad política en campaña sino de hechos cuya esencia atañe a lo mas fundamental de la persona y al estado de derecho que se extingue pero en el cual se supone que vivimos aun.

Las imágenes de la agresión han recorrido el mundo opacando la intención de proyectar un Leonel Fernández con madera de estadista. El tiro le salió por la culata pero, ni siquiera toda la estupidez de esa conducta alcanza a servir de consuelo al abuso múltiple que la misma contiene ni a la vergonzosa coyunda de partido, gobierno y delincuencia que la ampara.

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