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Urgente disquisición sobre el leonelismo: servilismo, abyección, erotismo y sometimiento

Quienes marchan en las filas del leonelismo no son, ni pueden ser, ciudadanos del siglo XXI, sino sicofantes exaltados de eras superadas que fieramente compiten entre ellos para ver quién fela mejor a la deidad villajuenense. Para ejercer un leonelismo sin mácula hay que despojarse de la dignidad personal

Foto: Acento.com.do/archivo./Paleros leonelistas abusando de la ciudadana Jean Marie Delgado.

La histérica exuberancia del lenguaje leonelista denota un servilismo, abyección, erotismo y sometimiento totalmente inapropiados en un estado de derecho moderno, y más acordes con un sultanato Almohade, una satrapía persa, o una autocracia fascista. En tribunas de Twitter, Facebook e Instagram; en cabinas de radio; en sets televisivos, y en prensa digital e impresa, leonelistas de ambos sexos, pagados y pro bono, se expresan en términos que revelan menos una sobria y objetiva valoración de su líder, que un enamoramiento, postración y putería colosales, siendo este frenesí amoroso el que les permite desvestirse ideológicamente y colocarse en cuatro delante del objeto de su adoración para ser penetrados e inseminados por él. De esta manera, a través de los pronunciamientos del leonelismo aprendemos muy poco de Leonel Fernández, y mucho sobre sus seguidores incondicionales e infames súbditos.

En el presente ensayo analizaré al vuelo el sentimiento leonelista a partir de una muestra representativa de este caldo de cultivo, de este fermento cloacal, de esta levadura infecta, tomada de los timelines y cuentas de Facebook consagradas al incesante besuqueo de las verijas del insigne propietario de FUNGLODE. Acompáñame, lector y lectora queridos, en este tour panorámico por los vericuetos de una trampa de grasa que acumula en su rejilla la escoria de una feligresía indigna y las piltrafas de una honra ciudadana que avanza en derrota.

Súbditos en busca de un rey todopoderoso

El discurso del leonelismo no es democrático, sino panegírico, apologético, fatuo y jactancioso. Se trata de una apoteosis del aplauso, un himno a la vanagloria y un monumento a la felación. Sus practicantes encarnan odaliscas soviéticas que repiten el credo del partido paradas donde las vean. Ninguna de las personas que adopta este discurso entiende en qué consiste una democracia representativa, al tiempo que muestran poseer un temperamento idóneo para la vida en un régimen totalitario de corte orwelliano o en el harén bisexual de algún rajá en lo profundo de una jungla. El leonelista es un no-ente que renuncia a su capacidad de acción y a su dimensión ciudadana, presentadas como ofrenda en la losa sacrificial dedicada al “León”, bajo quien se ampara de manera absoluta y al que dota de poderes omnímodos, mesiánicos y redentoristas. Para muestra, dos botones:

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