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El Quirinazo: la conspiración

Quirino, como reo de un sistema judicial que Leonel no controla, no tiene nada que perder. Pese a eso, y para disimular el apuro, el exmandatario no lo hará; es tan soberbio como torpe para manejar adversidades, de hecho pocas veces las ha tenido.

José Luis Taveras
Abogado corporativo y comercial, escritor y editor.
Probablemente este artículo salga a la luz cuando la teoría de la conspiración haya consumado su pleno desarrollo conceptual, perdiendo, mi análisis, el sentido de la novedad. No obstante, esta es mi perspectiva sobre el tema.

Pocas horas después de producirse la llamada de Quirino Ernesto Paulino Castillo al programa “El Gobierno de la Mañana” de la emisora La Z-101, escribí, en mi cuenta de Facebook, las probables bases estratégicas de la defensa política de Leonel Fernández. Les invito a leer, en mi muro, el post, con el cuidado de verificar la hora y el día de su publicación. Para los que no me siguen en las redes, copio el texto que describe el pronóstico:

“a) Banalizar las declaraciones (de Quirino) restándole credibilidad ya que se trata de una persona extraditada por el propio expresidente y, en ese contexto, es natural este tipo de retaliaciones. Además, no hay pruebas de pagos o erogaciones.

b) Denunciar que esto no es casual ni aislado; es una inequívoca confirmación del plan de Estados Unidos (junto a Canadá y Francia) para descalificar o inhabilitar políticamente a Leonel Fernández y facilitar así el plan fusionista de la isla, considerando que Leonel Fernández es el único que puede evitar esa macabra ejecución (Se dejará en manos de la FNP que insinúe, por su cuenta, que gente del palacio está vinculada a esta urdimbre antinacional)

c) Se destaparán las viejas acusaciones sobre el activismo público de Quirino en la campaña de Mejía y del PPH.

d) Se indicará que se trata de una respuesta política de los sectores vinculados al prohaitianismo dada la consistencia en las preferencias del líder como el seguro ganador en el 2016, lo que supone una trama internacional de acosamiento como sucedió con Ernesto Samper en Colombia.

e) A nivel del comité político del PLD, se hará un pronunciamiento institucional en contra de esta ´ratera campaña de descrédito´ para mancillar el prestigio internacional del expresidente Fernández”.

Este vaticinio se fue confirmando con impecable precisión hasta el día de hoy; solo falta el punto e), de inminente ocurrencia. Al encarrilarse los acontecimientos en la línea proyectada por mis percepciones, le escribí a mis seguidores la siguiente nota: “No es que sea clarividente, es que la política dominicana, además de ruin, es patéticamente predecible”.

Un nacionalismo íntegro no negocia su dignidad prestando su causa como “condón” para redimir la imagen de un político sospechoso de corrupción y de lavado internacional. Aquí hay dos realidades distintas: Leonel con su problema; y la soberanía nacional. Mezclarlas es “traición”, para usar un apelativo patentado por la retórica nacionalista de reciente cuño.

La defensa es un derecho inherente a la dignidad humana, y más frente a imputaciones que laceran el honor. Respeto la prerrogativa del expresidente a defenderse, lo que sí me preocupa es que, en el diseño de su estrategia, se apelen a peligrosas manipulaciones que comprometan la tranquilidad social, como la socorrida teoría de la conspiración. Esta presupone que Leonel Fernández es el objetivo táctico de una campaña internacional de descrédito para, con su inhabilitación política, facilitar la ejecución del presunto plan de fusión de la isla. Recurrir a este sofisma es huirle a los argumentos de Quirino; supone evadir y no responder. Si bien el silencio o la omisión han favorecido al líder, esta vez tendrá que salir al ruedo por una razón imperativa: Quirino, como reo de un sistema judicial que Leonel no controla, no tiene nada que perder. Pese a eso, y para disimular el apuro, el exmandatario no lo hará; es tan soberbio como torpe para manejar adversidades, de hecho pocas veces las ha tenido. Leonel siempre ha salido airoso por la bondad de un ambiente político de escasa contrariedad, sustentado en la impunidad y en las cotizaciones de lealtades, condiciones que en sus gobiernos se arraigaron como cultura política. Pese a eso, ha contado con gente avezada en bajas peleas a quienes el devenir de este trance les augura un empeño ingente pero muy retributivo. Veremos a los fantasmas salir de los sarcófagos, a las intrigas nublar los cielos y a las inmolaciones patrióticas inspirar ciegas devociones. Transilvania será apenas una casa de campaña para la aventura de terror que nos espera.

Soy de los que creen que, al margen de este hecho, a Washington no le interesa que Leonel Fernández retome el poder; ha habido suficientes y reservadas razones para eso. No obstante, la preocupación del Departamento de Estado o de Justicia de los Estados Unidos no es precisamente el nacionalismo de Leonel Fernández. Muy por el contrario, además de los vaivenes “ideológicos” del líder (quien se ha movido según las conveniencias en su obsesivo protagonismo regional) le inquieta el estado de postración institucional que dejó Fernández, con un virtual secuestro de los sistemas de justicia, electoral y constitucional y la incapacidad política del ministerio público para generar actuaciones autónomas. Esa realidad, sumada al ambiente de impunidad frente a una corrupción colosal, sí ha sido revelada con signos preocupantes en distintos informes oficiales americanos. Leonel, pese a ser un teórico de las relaciones internacionales, se comportó muy ajeno al control que él sabe que tienen las agencias americanas en las políticas domésticas. Existe demasiada información “tóxica” acopiada en archivos clasificados que lo convierte en un prisionero político de Washington. No creo, sin embargo, que haya intención de pedir su extradición para abrirle un proceso criminal, pero sí de vigilar sus pasos para condicionar, en el futuro, su movilidad política.

Por otra parte, el sofisma de la conspiración pondrá a prueba la legitimidad del “movimiento” social que defiende la soberanía nacional. Ahora se sabrá quién es quién en este juego; si es sincero o no el culto patriótico que arranca ciertos arrebatos. Un nacionalismo íntegro no negocia su dignidad prestando su causa como “condón” para redimir la imagen de un político sospechoso de corrupción y de lavado internacional. Aquí hay dos realidades distintas: Leonel con su problema; y la soberanía nacional. Mezclarlas es “traición”, para usar un apelativo patentado por la retórica nacionalista de reciente cuño.

Apenas hace una semana escribí en este espacio lo siguiente: “El movimiento social que abona la causa por un Estado responsable frente a la inmigración haitiana, dentro del que me incluyo (sin pedir permiso a nadie) debe marcar distancia con esos actores y propósitos (…) Al que venga con el “juego del patriota y el traidor” sobre la base del prejuicio y la descalificación libertina le será difícil convencer a la gente sensata de que no está enrolado en esta rastrera trama”. La trama aludida es precisamente la de la conspiración, y que había preludiado en los siguientes términos: “La idea subyacente es vender al líder como el estadista que más entiende la problemática internacional y el único que puede salvar a la patria de una fusión frente a un gobierno destemplado, al tiempo de evaporar toda preocupación por la impunidad. La confusión aumentará cuando las próximas encuestas presenten al problema haitiano como la principal inquietud y mantengan al líder en la primera posición de las preferencias. Todo calculado. Veremos una campaña con tintes tricolores polarizada entre patriotas y traidores. Otra vez marcharán las cruzadas nacionalistas y, al frente de ellas, el líder, ya liberado del lastre de la corrupción… quien, como el águila, renovará su rancio plumaje para, en nombre de Duarte, alzar vuelos de inmensa patria”.

Pese a la calculada indiferencia que hasta ahora han mostrado los tres diarios vinculados económica y políticamente a Fernández (que serán ejes en la articulación y promoción de la tesis de la conspiración) en los próximos días seremos testigos de una exacerbación del patriotismo apócrifo alentando incitaciones violentas. Eso importa muy poco para salvar el honor del líder. Hasta ahora esos medios han esperado los lineamientos de la estrategia. La espera ha sido paciente, al punto de que, al día siguiente de las declaraciones de Quirino, ninguna de sus portadas se referían al tema; uno de ellos la ilustró con la irritación cutánea del presidente Medina. Contradictoriamente, esa prensa sí fue solícita para darle dilatados despliegues a la visita que le hicieron al líder los dirigentes más veteranos, leales y discretos del Comité Político, incluido el presidente Medina, para solidarizarse, a puertas cerradas, con él por una presunta campaña de descrédito desatada precisamente por las declaraciones omitidas o pobremente reseñadas de Quirino.

Les invito, a partir de ahora, a leer el diario tutor de la estrategia de la conspiración (cuya mención resulta ociosa) pues no dejará de pasar un solo día sin publicar en su portada un tema haitiano al lado de la nueva imagen patriótica de Leonel, para construir, en la leve psiquis de los impensantes, la relación asociativa. El efecto subliminal podrá ser asertivo, no así su disimulo, por aquello de que: “te conozco bacalao aunque venga disfrazado”.

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