Ya no se trata de uno de tantos dirigentes políticos que han hecho de su paso por la administración pública una especie de piñata en la que se pueden recoger grandes piedras de diamante y oro de alto valor, para lograr pasar de la vida común a la de rico potentado.
El caso del senador Félix Bautista, secretario de Organización del Partido de la Liberación Dominicana, ha tomado un giro que debe preocupar de manera seria al Gobierno Dominicano y al Gobierno de Haití.
Ya no se trata de uno de tantos dirigentes políticos que han hecho de su paso por la administración pública una especie de piñata en la que se puede recoger grandes piedras de diamante y oro de alto valor, para lograr pasar de la vida común a la de rico potentado.
Ahora se trata de un escándalo que envuelve en principio a dos países y a dos gobiernos: República Dominicana y Haití.
Pero que nadie se llame a engaño, este escándalo repercutirá en otros países y gobiernos, porque en estos momentos Haití depende de la ayuda internacional para poder sobrevivir, y quien paga manda y se reserva el derecho a hacer preguntas, sin importar que resulten molestas e incómodas.
El silencio que República Dominicana han mantenido tanto el senador Bautista como su líder, el presidente Leonel Fernández, no soluciona el problema.
Tampoco lo soluciona la respuesta simplona y si sustentación, que ha dado la Presidencia de Haití, al simplemente decir que el presidente Michel Martelly no recibió el dinero (más de 2.5 millones de dólares) que, según los documentos presentados por la prestigiosa periodista Nuria Piera, fueron entregados desde cuentas de empresas dominicanas, todas vinculadas directa o indirectamente con el senador Félix Bautista.
¿Qué estarán pensando los gobiernos que han cooperado para la reconstrucción de Haití, al ver cómo su dinero ha sido gastado sin la debida transparencia para beneficiar a empresas de políticos dominicanos, que a su vez han devuelto parte de lo recibido como parte de una coima acordada con el presidente haitiano y otros funcionarios de ese país?
Como se puede apreciar, el caso es complicado, y como han señalado voces autorizadas, como las de Jean Michel Caroit y Max Puig, podríamos estar asistiendo a una crisis política interna en Haití y una crisis en las relaciones de Haití y República Dominicana.
En la medida en que el Gobierno dominicano se haga cómplice con el senador Bautista y sus amigos, podría verse comprometido en un serio problema internacional que dañe sensiblemente la institucionalidad dominicana y la seguridad jurídica, y en el peor de los casos el país podría exponerse a sanciones y reprimendas que a nada bueno nos llevarían.
Llegó el momento de que el Gobierno Dominicano piense y actúe más como administrador y representante del Estado, y menos como político que teme perder votos.
http://www.acento.com.do/index.php/news/14803/56/Corrupcion-mas-alla-de-la-frontera.html

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